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lunes, 9 de enero de 2012

Sangre de amor

Sí el título hace esperar mucho, pero le queda grande. Aun así supongo que no está tan mal teniendo en cuenta que no sabía que escribir....



Sangre de Amor

Se sentó junto de su tornamesa. El mismo disco perfectamente cuidado. “lo esencial de Beethoven” se leía en la portada. Sabía exactamente lo que quería escuchar, sabía exactamente donde encontrarlo, lado B, Tercera pista. Sonata de claro de luna. Las notas eran suaves, un solo de piano. Y las notas recordaba la soledad, las ideas nocturnas que rondan en la noche, la desesperación de buscar y no encontrar, de estar siempre igual. Se sirvió un vaso de buen coñac, y apoyó sus pies sobre el talón derecho.

Estaba decidido. No había marcha atrás. Le dio un sorbo a su licor tras un largo suspiro volteó a la pared de enfrente. Sobre la chimenea colgaba un cuadro. Todo el salón estaba elegantemente adornado, tapizado con terciopelo rojo sangre, sangre viva, profunda, no sangre sucia de las arterias. Si no; sangre profunda con olor a alma. A pasión. Volteó al cuadro de nuevo y sonrió sarcásticamente.

“Sangre de amor” dijo entre dientes para sus adentros. Sorbió un poco de coñac, del mejor, y se relajo más en su sillón, frente de la chimenea. Se sumió más en sus pensamientos cuando la música llego a su fin. Comenzaba el himno a la alegría. “no no no” se levanto diciendo “ no esta noche, no hoy”. Y con la experiencia de poner la misma pieza durante años, regresó la aguja al momento justo donde empezaba la sonata.

Se levanto y apoyó su vaso sobre una mesa cercana, volteó al cuadro y le dijo “sabes que no tenía que ser así. Sabias que esto pasaría si me traicionabas y sin embargo…” Dirigió su mirada al vaso viéndolo desdé arriba, sometiendo la ira que se le amontonaba en la garganta, una ira que apenas podía controlar. Respiró hondo y paseo sus dedos sobre la superficie del escritorio. Apretó la mirada como recordando un minúsculo detalle. Se volvió hacia la puerta del estudio. Su mirada se perdió en la puerta doble de caoba y se abrió con sorpresa y espanto.

“¿Lo sabías verdad?” dijo volviéndose al cuadro “lo supiste desdé antes que yo…”. Daba vueltas por el cuarto, sin atinar del todo el tamaño de la situación y el alcance de sus acciones. “Lo sabías y no me dijiste.” Hablaba con desesperación, la voz se le cortaba se le amontonaba la sangre en la cabeza. Los ojos se le inyectaron de rojo “¡¿Por qué no me dijiste?! ¡¿Por qué?!” Le salían las primeras lagrimas. El primer puño sobre el escritorio, la cara roja y el alma en trizas. Buscaba con desesperación una solución, al final que con toque ajedrecista había programado. Pero no la había. Estaba todo listo, la maquinara andando y ni él mismo podía detenerla.

“¡¿Por qué?! ¡¿por qué demonios por qué?!” se preguntaba y la canción se preguntaba lo mismo. El solo de piano con su tono repetitivo era la única respuesta que recibía.

La canción se aproximaba a su fin y la respuesta iba emergiendo de su mar de intrigas y dudas. Lo iluminaba y le explicaba con calma, como era la única salida. Se dio cuenta como había quedado en jaque en su propio juego de intrigas y como sólo ese sacrificio habría de salvar su vida. Aunque significara vivirla sola a partir de esa noche.

“No había otra forma” Dijo al fin. Y terminó la canción. El tornamesa se detuvo el silenció cayó sobre la habitación. Todo caía en su lugar. Todo se explicaba a si mismo. Solo le faltaba entender… “¿Por qué me salvaste? ¿Por qué lo hiciste?”

Se tiró al piso recargado sobre su sillón. Volteó al vaso con ira y apretándolo con su mano derecha, lo rompió en su mano. La sangre se escurría por el dorso de su mano, mezclándose con el licor. Sangre oscura, sangre de muerte y de traición ¿Por qué a él? el más miserable de los humanos ¿por qué, a pesar de sus oscura intenciones, a pesar de su alma negra, por qué se había sacrificado para salvarle, por qué?

Le dio una mirada despectiva a su mano ensangrentada y se volvía al cuadro “¿Por qué me amabas tanto?” Y rompió en llanto.

La noche enmudeció. En el reloj sonaron las doce de la noche y lo que ya era inevitable, de volvió una realidad. Quién yacía en el suelo dio un grito de dolor, seguido de agonía, terminado en muerte. “¡No!”, gritaba “¡Noo!”, lloraba.

Tan pronto terminaron las doce campanadas el cuadro se cayó, con un ruido sordo golpeó el piso y terminó sobre la chimenea, ardiendo al instante.



viernes, 9 de diciembre de 2011

Vidas anónimas


Vidas anónimas


Humo. Olor de humo. Es lo primero que percibían los sentidos al entrar allí. Por encima de la música estruendosa, por encima de las platicas enfrascadas, por encima el calor y la proximidad extrema de todos hacia todos. Un bar, bajo tierra, lleno más allá de lo humanamente habitable. Y sin embargo allí estaban, todos, rodeados, juntos y sin embargo solos. Todos allí estaban allí solos, aun que fueran acompañados por alguna otra persona, o un grupo, todos estaban perdidos en una existencia que los vomitaba de bar a bar, de antro a antro, de motel a motel, de prostíbulo a prostíbulo. Apretándolos, calentándolos, moviéndolos en masas como ganado, friccionándolos y abandonándolos eventualmente, al frio de la mañana de Lunes con resaca en la oficina.

Así estaban todos, rodeados de humo, atendidos por meseros disfrazados de diablitas con cola y cuernos rojos, con faldas rojas. Masacrados por acordes mediocres de guitarra desafinada y versos vulgares. Vulgares afuera, no aquí, en este infierno de martirios autoinfligidos, de venenos autoingeridos. Aquí era la última sensación de la sección nocturna de la ciudad. Aquí era Mozart y Beethoven en uno, que recibía ovaciones al final de cada canción, luchando por causas perdidas u olvidadas, pero que aquí abajo, eran el autobhan* a la utopía. Ese era el éxito del local.

Eso o que estaba al lado de un motel, de esos en los que pagas a una computadora, sin miradas comprometedoras, sin risitas detrás del escritorio. Así estaban allí todos solos, buscando no amanecerlo tanto. Así se vieron. Y lo primero que notaron fue, que eran feos.

Para ella los años de juventud se los habían llevado sus hijos y su marido, que al final la divorcio dejándola con las deudas y llevándose los niños donde su madre. No los extraño, al menos uno no era de su ex, así que se llevó un caballo de Troya de traiciones escondidas tras los ojos cafés como los de el jefe de su marido. No amo a su esposo, menos a sus hijos que solo se llevaron su cuerpo de nadadora y sus noches de sueño, después del segundo se dio cuenta que la maternidad no era para ella. Aceptó quedarse con las deudas, no había nada que le pudieran quitar, nunca había tenido nada. Ella solo había tenido un amor, y se lo arrebato la artritis temprana que la alejo de la música para siempre. Desdé entonces su cuerpo se convirtió en un envase más bromoso que útil, apestoso y doloroso, siempre doloroso. En su juventud se inyectaba para detener su dolor, pero encontró un remedio más económico, más divertido y menos doloroso para escapar de este mundo. Así recorrió su calle, su cuadra, su vecindario, su escuela. En un momento de infortunio, por comprar malos condones y calentar a un virgen, se rompió el condón y así fue como termino 7 meses después frente del altar con un sínico vestido blanco. Más por la presión de la familia del inexperto que por la de suya. Resignada se decidió a hacer lo que las mujeres normales a su edad se dedican, hacer lonches y ver telenovelas. Para todo lo demás tenía quien le ayudara. Resignada pasaron años, durante los cuales podía darse el lujo de drogas de buena calidad con el jugoso sueldo de su marido. Durante este tiempo conoció al jefe del inútil de su marido, lo más cercano que conoció a un romance. Una pasión desenfrenada que redujo sus dosis a dos por semana. Así habría seguido el romance de telenovela, ella viviendo como la mala de la historia. De no ser que su flamante amante lo rondaba el fantasma de la pedofilia e insistió hacerlo en el cuarto de los niños “para jugar con los peluches”. Así los encontró el marido, ella con palabras dignas de burdel de puerto y el con la ropa interior del mas grande de sus hijos en la cara, aspirando su inocencia. El inútil de su marido podía soportar que lo engañaran en su cara pero, retozar en el cuarto de los niños con un pedófilo en potencia fue demasiado para él. Ella le ofreció quedarse con las deudas para que el retirara los cargos por adulterio y su jefe un oficina más arriba por los de pervertido.  Así todos salieron ganando.


Del otro lado de la escena, estaba él. Por su forma de ser, parecía más viejo de lo que en verdad era. Seguramente era diez años más joven que la adultera del párrafo anterior. Pero en el alma llevaba recorridos más kilómetros. En su vida había sido casi todo, y no había llegado ni a los treinta. Nacido en una familia rica, aplico para todas las escuelas de arte cuando llego el momento, pero ninguna lo aceptaba, hasta que la chequera de su padre ablando los criterios. No tenía talento. Y lo descubrió con sus primeros intentos de pintura. No era un Van Gogh, que su talento sería reconocido al pasar los años. No era una visión diferente. No era nada. “Sus cuadros les faltaban vida” le dijo su profesor. Se salió de la universidad, se dedico a manejar las empresas de su padre, que fue quebrando en tiempos records. Una tras otra, hasta que lo mando a Europa. Allí empezó a vivir, fue todo. Mesero, drogadicto, maestro, pintor (solo de muros), vago, músico, puto, puta, secretario, actor, buzo, mafioso, repartidor, recolector. Hasta que se enamoro,  de una turca con ascendencia japonesa e hindú, toda una extravagancia. Le enseño el chi, el yoga, la iluminación, el karma, los chacras, las vidas pasadas, las futuras, la burocracia a la hora de reencarnar y lo más importante, la absolución total del karma negativo a la entrada del nuevo milenio. El boleto en primera clase para la nueva vida, con todo y equipaje y  sin pasaporte. Lo creyó todo y le regalo su fe al nuevo milenio, a buda y a su amante sin pensarlo dos veces, como normalmente lo hacía en la vida. Se sentaron a esperar la llegada del nuevo milenio, listos con muchas buenas esperanzas y condones, ¿que pasaría si en la nueva vida también te embarazabas y no había condones? Más valía prevenir. Se sentaron a esperar  sobre de un precipicio junto al mar, a que las puertas del cielo se abrieran de par en par, para recibir con los brazos abiertos a sus rastas y axilas sudorosas.

Pero nada paso… Nada, ni coro de ángeles, luz celestial en pleno año nuevo. Solo las olas del mar golpeando contra el precipicio. Solo los murmullos y las miradas impacientes en los relojes,  que eventualmente se convirtieron en gritos de desesperanza. De dolor, de ese cuando una frágil ilusión la embiste una ola de realidad. Como de cuando te enteras de que los reyes magos no existen. Todos esperaron a gritar, a arrancarse sus amuletos y cuarzos y piedras. Gritaban para sacar su coraje de haber sido engañados por tanto tiempo, por haber dejado todo por ese día. Gritaban de coraje por qué ahora tendrían que vivir como los demás, trabajar como los demás, por qué no había salida fácil de aquella vida tediosa que los esperaba. Corrían en círculos, y nuestro joven enamorado estaba allí perplejo parado sin decir nada. Su novia corría igual que los otros. Entonces, uno de ellos callo, accidentalmente, por el precipicio, a una muerte segura. Todos quedaron perplejos, callados. Uno más grito y corrió y salto por el precipicio, la vida era demasiado miserable. La primer mujer salto. Demasiado tediosa. Uno más corrió al precipicio. Demasiado dolorosa. Dos más, tomados de la mano. Demasiado jodida. Un grito más perdido. Demasiado real, para ser vivida sin un lugar donde descansar al final, demasiado vivida, para ser vivida por ninguna razón trascendente más allá de vivir.


Nuestro joven enamorado intento aventarse también. Pero su huarache se atoro con alguna especie de rama, destinada a hacerlo tropezar y golpearse en la cabeza, perdiendo el conocimiento y perdiéndose uno de los suicidios colectivos más grandes registrados. El único sobreviviente. A la mañana siguiente, cuando en las redes de los pescadores de un pueblo cercano, empezaron a aparecer gente en lugar de pescados, se dieron a la tarea de buscar sobrevivientes. El único que encontraron estaba dormido junto a una piedra, con la cabeza abierta y solo, completamente solo.

Así lo deportaron y el padre lo desheredo y lo hecho de la casa y terminó pintando muros drogándose con solvente para tratar de olvidar a su novia suicida.

Se vieron mutuamente a los ojos. No hubo nada mágico, no desapareció el mundo, ni se pararon los relojes, ni se les ilumino la mirada. Ya no había magia en ninguno de los dos ni esperanzas por las que vivir. De lo poco que se pudieron dar cuenta fue de que no podían decir quien de los dos estaba mas chingado.

Y se acercaron viéndose fijamente a los ojos, no fue amor a primera vista, fue compasión mutua a primera vista. No había para más, no había nadie más, estaban solos en ese mar de gente sola en un mar de bares solitarios. No dijeron nada, solo se besaron, por qué cuando no queda nada por hacer, es todo lo que se puede hacer.

Así fueron al motel de maquinita de al lado y así fornicaron como si no hubiera mañana. Se contaron mutuamente sus historias. Lo miserable de sus vidas. Olvidaron decir sus nombres ¿para que? Si no eran más que vidas anónimas ¿Que más daba?


Terminaron con su vida juntos. Eutanasia reciproca, se leía en los periódicos. Los más explícitos narraban con lujo de detalle el suicidio mutuo en un motel con nombre paradisiaco. Una historia de amor, un final triste consensuado, al pie de los cuerpos desnudos sin vida, que muertos eran aun más feos.

Los transeúntes pasaban de largo, leyendo el encabezado y pensando para sus adentros “patético”. Seguían de paso y tomaban un autobús, o bebían su café, en una mañana soleada de un Lunes cualquiera.

Edgar Cruz

*Autobhan: autopistas alemanas sin limite de velocidad. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

Serie, segunda parte


Capítulo 2



Estamos a muchos muchos kilómetros del capítulo anterior, tantos que es otra dimensión. Estamos en un carnaval, en un mundo casi idéntico al anterior. Nuestra lógica nos indica que debería diferir del anterior en algo, por más mínimo que fuera, pero no es así.

Todo es alegría y risas alrededor, la música de los juegos mecánicos, las risas y los gritos de los niños, el olor de algodones de azúcar, palomitas azucaradas, caramelo derretido, churros recién hechos, pan recién horneado. Luces por todos lados. Luces por doquier. Gritos de alegría y de miedo autoinflingido. Todo gira todo es perfecto. Es una tarde de viernes, todos los asistentes a la feria son jóvenes. Recién salidos de las escuelas, uniformes y mochilas en la espalda. Las parejitas de novios se pasean por la marea de gente, música, luces y olores. Es una tarde de invierno tardío, fresca, el piso esta mojado con la lluvia de hace dos horas pero ahora está despejado y el sol corre hacia el horizonte una vez más.

Dos chicos bajan del juego más fuerte de la feria, despeinados y riéndose. Toman sus cosas y se encaminan a la zona de comida, a comer algo rápido para regresar a los juegos. Suben juntos a todos los juegos mínimo una vez.

Adrián es uno de ellos, es idéntico, ligeramente más joven. Pero sin embargo, ríe con más facilidad, se sonríe de la nada y no contesta con teoremas preguntas como ¿te gusta el helado de chocolate? Solo come, solo ríe los chistes, solo sonríe, solo calla, solo habla sin pensar mucho lo que dice. Parece feliz… el otro chico luce también feliz, van de un lado a otro sin preocuparse por sus alrededores, sin voltear hacía atrás, sin voltear a ver el celular.

Se empieza a poner el sol, van a los jardines cerca de feria, nada elegante, solo pasto con arboles perdidos. Se acuestan en el pasto frio,  el frio se cuela por la playera de Adrián, se levanta y el otro chico lo abraza.

-       ¿Te estas divirtiendo? Le pregunta el otro chico.
-       Yo siempre me divierto – contesta con una sonrisa.
-       Nunca te he visto triste, ni serio…
-       Y nunca lo harás.
-       ¿Nunca sientes tristeza? Con lo de tu familia y así…
-       siempre – dice Adrián
-       ¿por qué nunca te veo?
-       No tiene caso, estando triste las cosas seguirán igual que estando feliz, prefiero estar feliz
-       ¿Lloras? - Pregunta el chico
-       Todas las noches… pero nunca me veras llorar, por que cuando estoy junto a ti se me olvida

Intensificación del abrazo.
Silencio, el sol se oculta. Aumenta el frio, sopla el aire y Adrián se pone su chamarra de nuevo, se recuesta en las piernas del otro chico y arranca pasto con su mano para arrojarselo en la cabeza. Se rien, guardan silencio de nuevo.

Silencio, el silencio se vuelve perturbador, el sol se oculta, el viento sopla, pero en silencio. Todo se vuelve silencioso, ruidoso silencio, liso, infinito. La feria no se escucha ni la ciudad, ni sus respiraciones, ni sus propios pensamientos. Se enfria la imagen, pierde color, profundidad, los trazos se desmoronan. Las líneas se vuelven delgadas, desaparece el color, el blanco el negro solo queda el vacío, que no es negro, es vacío… frío vacío absoluto infinito.


Volvemos con el primer Adrián, en otoño, sumido en un salón de clases. Un salón de clases especial para los más inteligente de la escuela, posiblemente del país. Veía por la ventana, soplaba el viento tirando hojas a su paso. Siente en su mente un pequeño terremoto, algo cambia para siempre. Siente haber perdido algo, que nunca tuvo. Su mente encuentra una contradicción, en error dentro de si misma. El sentimiento se vuelve obvio, intenta razonarlo pero falla. Ha perdido algo que nunca tuvo. La consecuencia se adelanto a la acción. Su mente colapsa.


Se siente perdido, su respiración se agita, se afloja la corbata, su compañera de banca le pregunta que le pasa, pero no puede ponerlo en palabras, cuando lo intenta hablar se derriten sus ideas en la lengua. Se cae de su pupitre y queda volteando al techo del salón. Las lámparas blancas lo encandilan. Cierra los ojos y se pierde en su mente en ruinas. Su cuerpo yace en el salón de clases, la escuela se revuelve a su alrededor, es caos. Los maestros lo rodean, respira menos cada vez, primeros auxilios, la ambulancia en camino. Se esta perdiendo. Ya no “esta”, ya no “es”.

Los paramédicos lo electrocutan.

Y Adrián pierde una lagrima en su mejilla.


Suspira* ¿Por qué?


viernes, 11 de noviembre de 2011

Serie!

escribiré una historia capitulada para el blog que no se como saldrá... siento que es un poco chafa... por decir lo menos











¿Tu qué piensas del día de mañana? Le preguntó Sari mientras caminaban por la calle principal de la ciudad. - ¿Sería cierto?


¿qué tiene de particular? - le pregunto Adrián sin despegar la mirada de su celular en el que escribía un mensaje a toda velocidad.

No se, es chistoso, la gente dice que puedes pedir un deseo y se te cumplirá – le contestó Sari con emoción que no podía ocultar en su voz. - Tienes que pedir un deseo en la mañana y otro en  la tarde… ¡Dos deseos! Que más puedes pedir?

Adrián despego su mirada del celular por primera vez desde que bajaron del tranvía con una ceja levantada. - ¿y si pido que se acabe el mundo se acabará?.

¡No puedes pedir eso! – contestó Sari con voz verdaderamente angustiada - de cualquier forma, habrá más gente que pida que el mundo no se acabe y no se acabará

Podría ser… - y se quedo en silencio como si su mente abandonara su cuerpo y viajara a algún pensamiento distante.


Adrián! Que piensas? – le dijo Sari. Pienso que son soló un montón de supersticiones alrededor de una fecha de un calendario impuesto arbitrariamente. Ni siquiera tiene un significado real como año nuevo o el equinoccio de verano. Supersticiones de internet.

Siempre le estás quitando lo mágico a la vida, no hay nada a lo que no le puedas quitar lo mágico. -  Le dijo Sari, pasaron por un parque en la ciudad donde se podía ver el atardecer caer lentamente llenando todo de naranja intenso que se resaltaba con el color amarillo del otoño en todo a su alrededor - Destruye ese atardecer, por ejemplo.

-El color naranja en el cielo se produce por la refracción que sufre la luz al cruzar una mayor cantidad de aire en la atmosfera, solo los rayos de frecuencia…

-Ya ya ya ya basta! No quiero saber el numero de frecuencia del color naranja

-       Tu preguntaste… - dijo Ardían encogiendo los hombros. – además no lo puedo evitar, siempre he pensado así… lo siento
-       Yo lo siento por ti, por qué no creo que vallas a encontrar algo en este mundo al lo que no le puedas quitar lo mágico, lo siento por ti por qué aún que no lo creas, el no saber, el desconocer y el no poder controlar también son parte del ser humano… no solo el saber forma parte de ti
-       De mi sí
-       … - silencio.
-       No te enojes, eso pediré mañana en la mañana…
-       Qué?
-       Encontrar algo que no pueda quitarle lo mágico. Quizás y encuentre algo que me haga merecer el premio Nobel!
-       Ya veremos…

Y siguieron caminando mientras el naranja arrebataba la vida a todo para llevarlo a una noche larga y fría de noviembre.



A la mañana siguiente… Sari y Adrian se encontraron en el recreo como siempre con todos los demás, hablaron y comentaron todos sobre el día particular, Adrián se abstuvo de comentarios para evitar ser un aguafiestas. Realmente no lo había pensado mucho desde la tarde del día anterior pero recordó su potencial deseo y decidió ponerlo a prueba ¿dónde quedaría su curiosidad si no probara casi cualquier cosa que se le pone enfrente?

“me voy a sentir verdaderamente ridículo haciendo una pausa en mi examen de hoy solamente para poder pedir un ridículo deseo, pero supongo que no pierdo nada más que unos instantes, regresamos a las 11 del recreo, tengo once minutos para pedir un deseo. Algo que no entenderé lo suficiente como para quitarle “la magia” que trae como acompañante la ignorancia. A veces siento que la edad media no se terminó de ir del todo de Europa y del mundo. “La magia”. Que curioso concepto.”

Nos vemos al rato!

Todos de regreso a sus salones, empieza el examen y la cuenta atrás para la ridícula fecha, Adrián esta casi seguro de que olvidara por completo en medio del examen la fecha, esta sumamente concentrado y lo ejercicios se van llenando como por arte de magia. No se detiene a pensar ni por un instante, las respuestas fluyen tan rápido por su cabeza que la velocidad a la que escribe no le da abasto a la demanda de su mente. Termina, ve su reloj 11:10. Simple coincidencia, entrega el examen, exclamación cotidiana de todo el salón, hay quienes necesitaran más de media hora para terminar el examen. Suena una alarma,  Sari recuerda al salón que es momento de pedir su deseo, prácticamente todo el salón pide pasar el examen que tienen en frente, otros ignoran el llamado para no perder la concentración. Adrián pretendía hacer lo mismo pero no puede ya que no tiene examen enfrente. Suspira y pide un deseo

“Algo a lo que no le pueda quitar “lo mágico”, por muy imposible que sea”



se dieron cuenta? estaba programada para las 11/11/11 11:11 pm 


ja...

miércoles, 26 de octubre de 2011

Por fin!

algo a lo que podemos llamar entrada...


La caja de bulbos

El olor a plancha contra la ropa invadía la habitación, en una noche fresca, planchaba con Juan Gabriel en la radio de bulbos. En un cuarto lleno de recuerdos en forma de fotos,  juguetes de aceite y agua azul de Acapulco, con un delfín y un pequeño velero flotando sobre el mar simulado, fotos de viejas graduaciones, de boda, de los padres y la de los abuelos con caras de cerámica, viendo fijamente al horizontes, en blanco y negro, peinados esponjados, mirada seria, cara inexpresiva. El abuelo en un ovalo aparte del de la abuela, como siempre. Una vieja maquina Singer de pedal con mueble original cubierta con una funda hecha a la medida con holanes y lienzo compradas en el centro. Un sofá cama con camisas ya planchadas, y un cesto con camisas por planchar. No se vislumbran lujos en la habitación, pero tampoco carencias. Juguetes viejos en algunas repisas, flores artificiales en una canasta con olor a paja seca.

Era una noche de esa temporada tediosa antes de posadas, con especiales navideños anunciados en el canal de las estrellas.  La televisión presentaba comerciales sin fin. Dominaba sin embargo el ambiente la voz de Juan Gabriel en el radio de bulbos, sobre un gran mueble en el fondo del cuarto. A pesar del frio en la calle se mantenía tibio, por la luz incandescente, la plancha eléctrica y ese calor lejano de los recuerdos que habitaban en la habitación, en forma de postales viejas, platos de cerámica sobre bases de plástico mal hechas.

SSSHHHHHHS – el ruido de la plancha de vapor enmudece a Juan Gabriel por un momento. Después solo los rechinidos del burro de planchar acompañan a la orquesta del Príncipe. Comerciales en el radio y en la televisión es lo único que se ha visto desdé hace dos canciones. Un suspiro y se sienta en el sofá cama, justo al lado de las camisas recién planchadas, sin llegar a hacer una sola arruga en el trabajo de la última hora – vamos a ver que hay – dice mientras toma el control de la televisión y empieza a escanear los escasos veinte canales de el programa básico del cable. Juan Gabriel vuelve de una corta pausa comercial, y la televisión vuelve a su mudez, para dar paso a la mejor canción de la noche de quien plancha con esmero un pantalón gris pardo.

SSSSHHHHHHS – no oculta el suspiro profundo que producen los primeros acordes, ya conocidos. Repite en voz baja,  “ hoy me he despertado”. para evitar que le invadan los recuerdos “con mucha tristeza” Pero ya es demasiado tarde, “ya lo se… que tu te vas!”  un alud de recuerdos se volcán en la garganta de quien plancha una camisa ligeramente beige. Sacude la cabeza reprochándose algo en voz baja y da vuelta a la camisa para planchar el reverso. canta con una voz creciente. Doblez en la manga izquierda. Reproche en silencio, doblez en la manga derecha.

“Jesucristo bendito” camisa en el sofá, pantalón café claro al burro. Pero un escalofrió recorre su espalda y las lagrimas amontonadas en sus ojos hacen que se siente una vez más. Han pasado más de cuarenta años y aún siente como si fuera la primer noche de soledad. De el peor dolor que puede sufrir un corazón joven. Voltea a ver a su alrededor, nada en la habitación mas que el viejo radio de bulbos y los violines melancólicos de Juan Gabriel le recuerda a su viejo dolor. Pero eso es más que suficiente. Una canción, un olor, un sabor, un lugar, una carta, un paisaje, una situación, una sensación, pueden encerrar una vida de recuerdos. Ese viejo radio,  solo ese viejo radio, solo con esa canción podía invocar al fantasma de un viejo amor de bachillerato.  Sólo la versión para radio, en el viejo radio de bulbos, eran capaces de hacerle sentir esa tristeza punzante en la garganta.  Ese recuerdo agridulce del último adiós.

Se va terminando la canción, con un cierre espectacular de la orquesta, suspira una vez más. El momento de debilidad esta por superarse, se levanta del sofá cama y empuja el burro de planchar por enfrente, la plancha sale volando y va a estrellarse con el viejo radio de bulbos. Se abre el compartimiento del agua y se vacía sobre la vieja caja de madera y los bulbos de antaño. Se distorsionan los últimos acordes y la voz sostenida de Juan Gabriel.

NOOO! – grita y da un salto para salvar a su más preciada posesión, pero es demasiado tarde, la caja de madera escurre agua y el recuerdo del amor de bachillerato se ahoga dentro de ella. Rompe en llanto, lo toma entre sus brazos, se apoya sobre sus rodillas y le llora lagrimas de despedida, al recuerdo de su único gran amor, hace más de cuarenta años…

domingo, 11 de septiembre de 2011

Un suspiro menos


Si le hablo, muy seguramente no me entenderá.... O se asustara huirá, podría ir por la policía y a mi encerrarme por acosador....

Si no le hablo cuando llegue a casa me diré a mi mismo FCUK!!!! Que idiota fui le hubiera hablado pos total

Pero podría arruinar su lectura, tiene pelo largo, lentes de marco negro grueso de esos que están de moda parece alto y tiene facha de intelectual...

Y así es, esta sentado en una de las puertas laterales de la iglesia leyendo, con su bicicleta enfrente y su mochila a un lado y lee un libro viejo con letras en alemán blancas grandes en la portada.

Sabrá que estoy aquí por el? Que mi vuelta abrupta a la derecha y mi estancia en las escaleras de enfrente, se deben al encanto que me produjo su pelo?

Bermudas cafés pelo rubio oscuro y ojos atentos a un libro viejo, camisa gris un poco abierta, tenis viejos lentes grandes. Perfecto, que cosas no?

Invitarle un café, platicar un rato, saber que lee con tanto empeño, que estudia... Nada más! En serio no espero nada más, hasta saber su nombre se me figura tabú...

Como será su voz, su vida, sus historias, cada persona es una fabrica de historias...

Lee rápido, estoy seguro que me volteo a ver una vez... Cuando llegue y me senté en la pared de la escalera sin motivo aparente, las demás volteadas son producto de mi alborotada imaginación...

Suenan las campanas sobre su cabeza, otro motivo para voltear, verlo de reojo, imaginar su mirada sobre mi, pasa un avión, el tranvía y el mundo se vuelve sordo y mudo, desaparece lo demás, quedamos solos él y yo, en un mundo eterno que dura tres campanadas.

Se termina el mundo se agitan los pastos largos, se dibujan olas como en el mar sobre de ellos.

Volteo! De nuevo! Lo he visto, no lo imagine, nuestros ojos se encontraron por breves instantes pero me arrepentí y baje la mirada, de nuevo... Maldita sea, por qué he de ser tan cobarde?

La espera se vuelve imposible, rápidos cabeceos a la derecha (ya no estoy en las escaleras, ahora estoy en el pasto) para buscarlo de nuevo, llamarlo en silencio con el pensamiento. Tocarlo con la mirada.

Aquí la gente viene a hacer sus negocios sucios, me moví de las escaleras porque dos tipos hacían intercambio de no se que, de donde vengo te amenazan con cuerno de chivo y amaneces muerto a la semana, aparte aquí lo puedo ver sin miedo a una torticolis.

Las esperanzas han muerto, tan pronto como nacieron, voltee, casualmente, nos volvimos a ver, esta vez no baje la mirada, pero él si. Tal vez no lo vuelva a ver nunca, tal vez esta sea una cita de entrada por salida, forzada y si beso de despedida.

El terror me invade, escucho sus zapatos golpear el piso viejo de la iglesia, se va a ir, volteo, lo veo, no, solo se acomodó para recargarse en marco de la puerta. Que haré cuando se valla de verdad?

Es en momentos como estos en los que extraño al destino. El se encargaba de juntar a las dos personas precisas en el momento preciso en el lugar preciso. Pero apareció el internet y el Facebook y eso ya no fue necesario. El destino se quedo en la calle, desempleado y con una hipoteca descomunal.... Me recuerda a la canción de Shakira que no me acuerdo como se llama.

"Desde entonces hay quien lo ha visto, solo en las calles, no es normaaal" o algo así

“y acá abajo nos manejan como fichas de ajedrez…”


Todas estas cursilerias son consecuencia de haber visto Junjo en la noche. Vi la historia de Hiroki y Nowaki. Me encanta esa historia.

Seguimos los mismos aquí, sentados en un costado del parque de la iglesia cuyo nombre no recuerdo pero era algo del sagrado corazón, el ya casi va a acabar, le faltan unas 50 páginas a lo mucho, lee rápido, debe ser inteligente, yo debía haber traído un libro para leer. Me veo tonto escribiendo en mi celular, por eso no me voltea a ver.

Silencio

Escucho un cierre de mochila, los mismos zapatos, la bicicleta que se aleja, y yo también me voy con las piernas entumidas y un suspiro menos....



Sí lo se el video es una basura y el sonido es pésimo, pero se entiende mi punto

jueves, 14 de julio de 2011

y por ultimo...

la historia, escrita por... yo, para: diana (ella la encargo) idioma: Ingles... (ingles!? sí ingles la primera en ingles


The last goodbye is always the saddest
 
The city laid beneath them, a large city, noisy, crowded and sad, as every big city. They where over a very old bridge, made by human hands, in an almost forgotten time. The sun was over the horizon and the afternoon was dying, the memory of a long rain left a soft smell of wet dirt, nicer than the usual smell of oil and smoke. The sun was giving away his last rays of light, and as the shadows grew larger, so did the sadness in the hearts standing over the old roman aqueduct.
 
Two hearts, perhaps the last real human hearts in the big city, ruled by feelingless, ageless machines. They where the last human hearts in the large city, and the only hearts in love in many large cities. Yes, young, innocent, true love, the only kind of love crazy enough to survive in a world like that. And this was the farewell.
 
The wind blew, the long hair moved along, and the long coat of the other one moved heavily as well. The boy with the long hair was looking the other heart in front with begging sad eyes. The one the other one was looking downwards, to the emptiness. The longhaired boy was trying to convince himself this was the best way, pushing his tears back to his eyes, he was not convinced to be the best way, but he knew it was the only one.
 
The heart with a long coat and dark eyes turned, face to face, their sights meet and each one understood why they where there. With one look in the longhaired boy’s eyes he knew what would happen if they said goodbye. But it was the best way, only way. He knew what would happen and what he needed to do.
 
Goodbyes are always sad, and they are sadder when they are meant to last forever. They are hard and that is why humans used to think they where for a short time, and that after this life, eternity was waiting for them, to be spent with their beloved ones. But that was a long time ago, when there where humans and when there was a god. Not now. Not today. The last goodbye is always the saddest of all.
 
-       Well, I guess this is it, is late you should be going… - the longhaired one said
-       There is time, don’t worry - he answered
-       Will you return soon?
-       You already know the answer to that question
-       Will you ever return?
 
He stayed in silence, and turned back his look to the city beneath them.
 
-       I also know that answer – said the longhaired one and tried to search what was he searching in the big city.
-       I’m sorry that you need to get through this, you don’t deserve it, you shouldn’t have to suffer because of me… I don’t deserve this
-       Don’t say that, if I do this is because I love you, is that too hard to understand for you?
The boy with a long cape kept silence
-       yes it is – he answered.
-       I love you – the longhaired said, the other one smiled.
 
It’s time - the boy with the long cape and dark sad eyes said and started walking to the beginning of the aqueduct,
 
-Don’t go! - The other one shouted, he stopped and turned around, he walked back and hugged him, with his arms and his cape, he said to his ear – everything will be all right-.
 
They stood over an old aqueduct in an old city in a long hug until the tears of the longhaired one stopped falling. They split apart, they forced a smile and the longhaired one tried to console himself with the idea of crossing the space to finding him, wherever he was, they will meet each other again. The longcoated one finally accepted what he needed to do so that the boy he loved the most would not suffer.
 
-I hope our paths will meet again some time in the future... - he said with a melancholic smile
 
- No, they won't- and shoot him in the head.


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