lunes, 1 de octubre de 2012

El Ataque de las moscas

Estoy en mi cuarto nuevo, por fin. Es un lindo cuarto y las cosas buenas contrarrestan a las malas en esta ocasión, por ahora. Mi piso consiste de una cocina con estufa completa, con horno y puertas que no combinan. al lado está el baño, que no me gusta porque está volteado, viendo a la puerta.... odio quedar viendo a la puerta y tiene un extractor que parece un 747. Al lado de éste se encuentra un pequeño cuarto que sirve de closet, demasiado chico. perpendicular a las puertas del baño y del closet, enfrente de la cocina, hay una puerta con un espejo, que sirve de entrada a mi cuarto. El cuarto en cuestión es suficientemente grande para tener una cama matrimonial, un escritorio, un sillón una mesita y dos sillas con espacio de sobra, tiene una ventana grande de pared a pared enfrente y al fondo está mi cama con la bandera de México sobre mi cabecera. El piso es de madera (nuevo) y las paredes blancas y sobre la ventana hay una tabla que sirve de librero (bastante vacía por cierto)


Arriba vive la rentera en la casa que le heredo el marido. Es una señora de unos cuarenta y cinco años aproximadamente con pelo corto gris, gafas redondas y cara triste. No es de esa tristeza que da la sensación de ausencia, en lo absoluto, es una tristeza pesada, densa y gris, flotante en todas sus frases, en sus movimientos, en su mirada, en su forma de hablar y de pensar. Es maestra y tiene un hijo de unos dieciséis años, es alto, muy alto, cerca de los dos metros su pelo es castaño claro y corto, sin mucha personalidad. Tiene una cara plácida, no-feliz; y sin embargo no se ve triste. No es particularmente guapo, pero tampoco es feo. Es una de esas personas que pasaría perfectamente desapercibida si no fuera por su altura. Ayuda con pequeñas reparaciones aquí y allá lo que lo hace vistarme de vez en cuando. Es amable y su voz suave y difícil de recordar.


El pueblo de Bammental (para el leones que soy, cualquier lugar con menos habitantes que la Arbide es un pueblo) se encuentra del otro lado del cerro cubierto por bosque de Heidelberg. No está tan lejos de Heidelberg, pero no hay trenes que atraviesen el bosque, por lo que necesitas cerca de media hora para llegar a la estación de trenes rodeandolo. Es lindo, por lo que pude ver el día de hoy, tiene un pequeño río que lo atraviesa y por el tráfico pensarías que es más grande, pero en realidad es que una carretera pasa por allí, hasta ahora no he visto una plaza central y posiblemente no la haya no son ciudades españolas (lo que se nota por la falta de calles rectas). Ya que hay un cerro al oeste oscurece pronto a pesar de haber sol, si es que eso tiene algún sentido. Aquí ya es otoño, a diferencia de en Freiburg, si esta ciudad tuviera un apellido, sería otoño, como Freiburg verano y Berlin invierno.


Frente a mi piso hay una jardinera con enrredaderas y a un lado un barril azul en que desemboca un tubo que recolecta el agua que cae en el techo, eso usa la señora para regar sus plantas, es una idea maravillosa, de no ser que las moscas disfrutan de nacer vivir allí y después vacacionar en mi cuarto. He matado más de cinco hoy y por cada que mato aparecen dos más. Pero esta guerra he de ganarla como la humanidad ha ganado todas sus guerras; con ingenio y sin piedad...

1 comentario:

comenta ;) es la parte más divertida de todas